Todo comenzó como empiezan las cosas muy buenas, de manera
espontanea, sin miedo, jugando, sin pensar, dejándose llevar, a la aventura, de
corazón, porque lo que es del corazón es auténtico. Todo comenzó como un juego,
como el buen flirteo. El juego más divertido al que se pueda jugar. Cada locura
mía ella lo mejoraba, era el sino. Si una mujer sorprende desde el primer
minuto, no hay duda, ella es tu mujer. Ella, ella era mitad ternura, mitad
fuego. Ella, tan dura por fuera como sensible por dentro.
Para siempre quedará nuestro contrato… porque firmamos contrato.
Le gustaba vestir de negro, lucir la espalda y las
caravelas. Aunque ella no se lo crea, es inmensamente coqueta y terriblemente
sensual. Es de “the best or nothing”
por eso solo le gustaban los helados de chocolate de “Los Italianos”. En la
fotos salía rabiosamente bien –normal, con esa sonrisa–, a los pies le llamaba
pinreles, adora a Johnny Deep y su canción favorita era de Radiohead.
Era de las personas que en vez de raro me veía especial.
Mujer bandera, sonrisa que te alegra la vida, rejuvenece el
alma y hacen temblar al sargento más recto que haya visto. Lunar en la
barbilla, en su parte derecha, adorno de lo más bello. Es hacer de lo bello, lo
más hermoso jamás visto. Y aquí pude constatar eso de que “no hay nada más
bello que una mujer sonreír”. Con esos ataques de risa, ese momento en el cual desconectas,
apagas, te aíslas, te concentras en su risa y dices “que se congele el tiempo”.
En el desayuno se convertía en la foto de la niña pequeña de la playa
que tenía en su cuarto al tomar un vaso de leche con los grumitos de Cola Cao.
Mujer que te ayuda y que te mejora día a día. Mujer que hace
feliz a la persona que tenga al lado. Ella me hacía mejor, personas que quieres
tener siempre porque te hace mejor persona. Hacía mágicos los días que pasabas
con ella. Ella era mi amiga, mi amante, mi consejera, mi correctora
ortográfica, mi cuidadora… Su vida giraba en torno a mí, la mayor muestra de
amor que una persona pueda hacer.
La persona que más veces me ha dejado sin palabras, sin argumentos, sin
palabras, sin aliento.
Mujer imponente que se entrega de manera total en aquello
que cree y quiere. Es como si llevara a fuego en el cuerpo el lema
“Do what you
LOVE
What you do”
Aunque más que en su cuerpo, lo llevaba en su cabeza, en su
vida y en su forma de verla, era su filosofía.
Mujer hecha a sí misma –cómo debe ser–, mujer sin dobleces
–cómo debe ser– , mujer que lo dá todo –cómo debe ser–, mujer con la que puedes
ir a todos los lados que ella se adapta –como debe ser–, mujer que hace las
cosas fáciles –como debe ser–, mujer sencilla – como debe ser–… Así era ella.
-
“Yo soy
una mujer normal” decía ella.
+ ¡Ja!, contestaba yo.
En ella vi que la sencillez resulta muy atractiva. Me
encantaba cuando estaba por casa y andaba con una camiseta y con la parte de
abajo de su ropa interior. Me encantaba cuando me iba a su puerta y me recibía
en su short de pijama, con su camiseta ancha y su moño. ¡No podía estar más
guapa!. Me encantaba cuando iba desnuda con el pelo suelto. Me encantaba como
le quedaba las faldas y los vestidos. Me encantaba cuando salía del agua en la
playa, no podía tener más estilo
+ ¿Qué?
(…Y así en bucle)
Me encantaba su forma de mirar cuando se bebía dos copas.
Era su cabeza de medio lado, unos ojos que brillaban y su sonrisa sincera. Su
sonrisa era lo mejor. Su sonrisa debería ser considerada como un arma de uso
exclusivo del ejército. Su sonrisa era mi felicidad. Fue aquella noche donde
descubrí que no hay cosa más auténtica que la sonrisa provocada por la persona
que hacía latir su corazón.
Me encantaban sus enfados porque en cada uno de ellos me
demostraba que le importaba, que me quería. Me encantaban porque me recordaban
a mis enfados. Cosas que teníamos en común, aparentemente pocos pero que con el
paso del tiempo me he dado cuenta que teníamos más. Era una conexión
intelectual y sexual que jamás había tenido con ninguna otra. Pero falta lo que
ella más buscaba, lo sentimental.
+ Hazte Fan
Siendo solamente ella, sin hacer nada más, venciste a la
belleza, fundiste mi hielo y derribaste el muro. Descubrí que cuando hay amor no hay palabras,
que cuando hay amor hay actos. Y me quitó el freno en las relaciones, me enseñó
que, a veces, hay que sentir más y pensar menos. Ella me hizo ver que lo más
bonito que te puede pasar en la vida es estar enamorado. Ella me hizo sentir
grande, alguien importante, y que se ama
más con el corazón que con la cabeza. Y que resulta más atractivo la inteligencia
que la belleza, siendo ella la más bella, por dentro y por fuera.
“Contigo aprendí –tarde– porque al sexo lo llaman hacer el amor”.
+ :D
La perdí, la perdí yo
y reconozco que soy muy poco hombre por no conseguir olvidarte. Pero es que
tampoco quiero. Lo que daría yo por tenerte un ratito, por volver al pasado
aunque sea un segundo. Te fuiste. Te fuiste y no hay peor sentimiento que
quedarse queriendo. Por eso…
…Pinté paredes con tu nombre en un acto sorpresa…
…Y no funcionó…
…Te escribí un texto expresando aquello que sentía…
…Y no funcionó
En un ataque Kamikaze le dije “vayamos a la Paris, la ciudad del amor”. Y ella me respondió con la
mejor frase que me han dicho en la vida “cualquier
ciudad puede ser la cuidad del amor, nosotros la hubiésemos hecho así”. Ella, la mejor, me volvió a dejar sin
palabras como muy pocas personas habían hecho, como ella siempre solía hacer. Y
ahí perdí el pasaporte para ser feliz a tu lado el resto de mi vida. Yo que soy
de corazón cerrado y tú de corazón abierto, en el momento que yo lo abrí, tú lo
cerraste. Hiciste lo más difícil y me abandonaste en lo mejor….
…El viaje tampoco funcionó.
Tú que no eres de segundas oportunidades y a mí que se me
dan muy bien. Ojalá pudieras hacer lo que me recomendabas: dejarte llevar por
tus sentimientos. Ojalá pudiera de alguna manera –y tú me dejases– ayudarte a
vencer el miedo que aquel primer novio (única persona a la que odio de este
mundo y al cual le tiraría el guante para batirme en duelo) te dejó instalada
en tu cabeza pero sobre todo en tu corazón. Ojalá pudiera lograr, a través de
la lucha, romper aquella coraza que te fabricaste y llegar a tu corazón y ser el
médico, el tratamiento y la medicina poder curarlo, mimarlo y cuidarlo por el
resto de mis días. Dejándome, de manera gustosa y orgullosa, ser el principal
defensor y valedor de tu corazón.
Tengo la esperanza de que algún día te encuentre por ahí y
consiga que te vuelvas a enamorar de mí.
Fue con ella donde descubrí el amor y no tengo dudas ni
olvides que…
…Buscaré tu sonrisa
el resto de mi vida.